Escribo esta entrada con mucha prisa porque olvidé que me
tocaba a mí, y estoy escribiéndolo en el camión con Here Comes the Sun de
fondo. Ayer fue un día bastante especial, como todos. Me encanta estar aquí con
tantas personas maravillosas que comparten mis ideales.
Desperté muy apurada, ya que era el cumpleaños de una nueva
y querida amiga llamada Renata, y me ofrecí a la tarea de despertar a todos
para llevarle serenata a su cama por la mañana, toda una hazaña. Es padre ver
cómo sacrifican algo tan valioso aquí
como los son algunos minutos de sueño extra, sólo para despertarle en un día
tan especial. Todos en pijama con lagañas y confusión, cantando, y hasta
declamaron un poema adaptado de Mario Benedetti que posteriormente citaré.
Es taaan raro levantarse tan temprano y dormir tan tarde,
pero lo vale. Tuvimos un círculo matutino donde cada persona escribía un verso
secreto para un poema con su equipo de
cinco personas, y el resultado fue
graciosamente interesante.
Desayunamos unos ricos tamales hechos por Doña Tomy (larga
vida a Doña Tomy) y nos adentramos a la difícil tarea de estar listos en 10
minutos para salir a San Miguel a los talleres.
El camino es bastante agradable a pesar de la hora, los
paisajes son hermosos, y suena Blue Moon de Beck de fondo. La primera parada
(donde yo bajo) es la Biblioteca Pública, mi lugar favorito en San Miguel,
donde hay una cafetería con un árbol de donde cuelgan cristales de colores. Los
jueves se pone un bazar de libros de todo tipo, la mayoría en inglés, y a un
precio absurdamente económico (el más caro era de treinta pesos). No pude
evitar comprar seis.
A mí me toca el taller de Palabra de niñ@, donde les explicamos
a niños de ocho a doce años de comunidades marginadas sus derechos para que
puedan exigirlos. Me encanta aprender de
estos niños, y espero que sea mutuo. Son muy inteligentes a pesar de haber
crecido en un entorno tan diferente al mío. Hoy tocamos el derecho a la salud
que finalizó con el juego de Doctor Tripas (lo sé, que ingeniosos). Después el
derecho a la educación, donde les hablé de Malala, una niña que realmente
admiro y empezó su activismo a la corta edad de 11 años. Me encantó verlos tan
interesados y que incluso anotaran su nombre en la libreta.
Como hay internet, decidí ver un poco acerca de las noticias
del mundo, y me quedé impactada. Estoy en una burbuja hermosa, utópica, con
personas idealistas e inteligentes, encontrando soluciones de conflictos por
medio de la escucha activa y asambleas; luego me encuentro con que derribaron
un avión donde murieron más de 290 holandeses. Me recordó a mi facilitadora
Lucien, que es de allá. También leí una noticia en la que se rescataron más de
700 niños de un albergue en Michoacán, donde eran abusados mental, física,
psicológica y sexualmente, y por donde habían estado más de 7000 niños. Yo,
dando un taller donde les digo a los niños todos los derecho que tienen y me
encuentro con esto, estas violaciones a algo tan necesario y humano; es algo
que me impactó. No vi la necesidad de compartir esto.
Fuera la biblioteca hay un señor que vende helados de todo
lo imaginable: vino, cinco leches, gansito, Ferrero, chocomenta y hasta
betabel. Comí uno de cinco leches y aún me cuesta pensar y descifrar cuáles son
éstas cinco leches. Leí mi libro, Ensayo
sobre la ceguera de José Saramago, que me hace reflexionar acerca del
maravilloso privilegio que es tener la vista, poder admirar todos los paisajes
que ofrece la vida, apreciarlos, eso me parece fenomenal.
Después alcanzamos a nuestros compañeros en la secundaria
donde hacen los talleres de agencia de Paz. Llegamos corriendo para comer, y no
pude evitar acostarme con Vicky a disfrutar el ya usual mal del puerco. Tuvimos
nuestro taller de acción creativa, estoy en cine. Amo el cine, creo que el
séptimo arte es de los más complejos; fusionar la fotografía, la actuación, y
la música (entre otros) es de las hazañas más complicadas y nunca lo había
vivido tan de cerca. Mis compañeros y yo tenemos ideas muy diferentes, queremos
plasmar las cosas de manera diferente, pero lo lograremos (tarde o temprano).
Como actividad vespertina se formaron grupos donde había
líderes secretos e hicimos competencias en correr amarrados, caras y gestos,
teléfono descompuesto y la cola del dragón. Estos líderes, uno en cada equipo,
eran democrático, autoritario, motivador, pasivo y el que hacía lo contrario al
equipo. Y curiosamente (no tan curioso) ganó el equipo con líder democrático.
Después tuvimos los círculos de reflexión (¡cómo me
encantan!), donde soy parte de los Huitlacohes, con Kiana, Braulio, Denisse,
Renata, Gaby, Carlos, Memo, Caro, Pato y Matteo. Les he tomado una confianza
impresionante, y me siento feliz de estos círculos porque puedo abrirme
infinitamente, ya que los considero mis amigos. Me encanta escucharlos, sus
experiencias, opiniones y reflexiones,
de todos los temas profundos y banales.
De regreso al Rancho, no pueden faltar las canciones de Café
Tacva que (confieso que) empiezo a aprenderme. He desarrollado una habilidad
peculiar para bailar en el camión en movimiento, ya que es inevitable si suena
Mambo no. 5.
Llegando al rancho tenemos tiempo libre, excepto si eres de
cine, entonces no. Tenemos que entregar el guión en dos días, que será de
migración; no queremos una Jaula de Oro,
pero espero que salga bien. Después cenamos y continuamos con el proyecto, que
fue interrumpido por el pastel de parte de los facilitadores a Ren, Saúl y
Nish, para celebrar su cumpleaños.
Las pijamadas y desveladas para trabajar en los proyectos ya
se hicieron usuales, pero esta vez disfruté la noche con mis amigos músicos,
Pedro, Mau, Efrén y Pato. Los quiero mucho y me hacen reír demasiado, los
admiro como artistas y personas.
Es increíble el crecimiento que estoy teniendo, intelectual,
emocional y espiritualmente. No dejo de sonreír.
“…Ésta es una buena edad para cambiar de
estatutos
Y para que tu manantial emane amor sin
miseria.
Para que te enfrentes a la realidad que
exige,
para que pienses que hay cosas por las
cuales luchar,
y luches por ellas con
pasión.”
Aitana (Distrito Federal)
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