Hoy madrugué con cámara en mano frente al
paisaje onírico que nos acompaña siempre en el rancho: era una de las últimas
escenas que forman parte de nuestro
proyecto final en el Taller de Acción Creativa (cine). Pensé en cuántos humanos
a lo largo de la historia habían visto un amanecer, yo lo había visto con una
cámara arriba de mi hombro. He aprendido y desarrollado habilidades importantes
en las últimas semanas y especialmente en cine me he llevado grandes impresiones
a la hora de entenderlo y producirlo. No volveré a ver una película igual. Luego
de largas sesiones con cámara junto al equipo en el desierto seco guanajuatense
y en nuestra sede, el día de hoy nos encaminamos hacia los salones donde
empezaría el Taller de Participación Ciudadana. Primero estudiamos el concepto
de política que mayormente y por desgracia a los mexicanos nos remite a
corrupción, clientelismo, negocio, impunidad… sin embargo pensar en la
definición formal es una tarea
complicada: ¿sólo existe la política en un régimen democrático? ¿Hay política
fuera de nuestra política? Preguntas
como estas se hicieron en el debate que se entabló entre participantes y
facilitadores (las opiniones fueron magníficas). La política, pues, se esconde
en cada uno de los rincones de nuestra sociedad; es creada y reproducida por
nosotros en nuestras relaciones y discursos.
Después, para no marearnos en las abstracciones y aguas turbias alrededor de la
mencionada palabra, vimos una clasificación de las diferentes corrientes
ideológicas en las que se puede encauzar el poder político; por el ala de la
derecha: conservadurismo y autoritarismo, y por el ala de la izquierda:
socialismo y liberalismo. Tras la explicación de cada corriente me resultó
difícil sentirme identificado (como lo inquiría la pregunta del facilitador)
con alguna de ellas ya que históricamente (hasta donde sé) han fracasado todas
y además por supuesto en situaciones concretas se trata de asuntos más
complejos en los que una o varias corrientes convergen y resultan en cosas muy
extrañas, como México el PRI. Después, luego de responder 20 preguntas de
opción múltiple, y como un test que suma puntos, se nos dieron resultados
acerca de qué tanto simpatizamos con las corrientes mencionadas. A pesar de que
nunca me han parecido del todo correctos, me pareció interesante el ejercicio
para conocer algo de las opiniones de mis compañeros, al parecer éramos
socialistas o totalitarios; claro, no hay que olvidar en comparación con
liberalismo (que en el test, más bien parecía una especie de darwinismo social)
y el conservadurismo.
Tomamos un descanso, aproveché y me compré unos cacahuates para concentrarme
mejor en el siguiente tema: el poder. Quizás es uno de los conceptos que más me
interesa ya que considero que se
encuentra intrincado en todas las relaciones sociales; del padre al hijo; de la
escuela a la familia; del gobierno a las instituciones. Sin embargo, en el
taller nos dio apenas para mirar el poder que se ejerce a niveles concretos:
económico, político, ideológico y ciudadano.
Aprendimos que cada uno de ellos actúa sobre los demás y que nunca del
todo es uno el que predomina; aunque a manera personal, y esto se los confieso,
considero que el poder ideológico es el que resulta más penetrante y peligroso
ya que se halla en los niveles más pequeños que se pueden imaginar: desde la
alcoba hasta el escritorio presidencial. La charla nos hizo dar cuenta de cómo
actúa el poder de manera concisa y contextual cuando los facilitadores nos
entregaron dos discursos ideológicos diferentes acerca del consabido ¨Pacto por
México”: uno era de la página oficial y otro de la revista Proceso. Como podrá
esperar el lector, el discurso institucional se caracteriza por todo tipo de
estrategias lingüísticas dignas del maquillista más astuto: abstracciones y
letra muerta; por otro lado, el de proceso, con su crítica aguda se encargó de
develar las relaciones entre los políticos que fueron parte de dicho pacto,
alumbrando la falta de democracia y la estrategia política que estaba detrás.
Los talleres de participación ciudadana no pueden estar mejores: los debates,
las opiniones, las discusiones y el aprendizaje es infinito. Jamás podré estar
más agradecido con mis compañeros y facilitadores por esta gran experiencia que
no sólo se orienta a la parte intelectual, sino a la pragmática: al cambio.
Braulio Güémez Graniel (Mérida, Yucatán)
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